Los recuperados de Covid tienen una protección del 90% contra la reinfección, afirma el epidemiólogo Jeffrey Klausner

por | Sep 20, 2021

La noción de que las infecciones virales confieren a quienes las contraen una posterior inmunidad frente a esos mismos virus no es nueva. Por el contrario, es un conocimiento básico de Medicina. Es por eso que ahora sorprende que se intente poner en duda la protección natural que brinda el hecho de haber sido infectado con el virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad bautizada “covid-19”. En algunos países esta inmunidad natural de la que gozan quienes se recuperaron del covid está siendo ignorada. Tal es el caso de Estados Unidos, donde el profesor universitario estadounidense Jeffrey Klausner -médico epidemiólogo, especialista en enfermedades infecciosas, y ex funcionario de los CDC en Estados Unidos y en Sudáfrica- decidió hacer una revisión sistemática de los estudios al respecto con el objetivo de aportar datos que ayuden a ponerle fin a esa desconcertante postura.

“Cuando analizamos de manera sistemática más de 1.500 estudios, escogimos aquellos de alta calidad, que tuvieran en cuentan una historia de infección previa comprobada por un test biológico de PCR positivo y luego una reinfección probada biológicamente. Así hallamos que la infección previa brindaba una protección del 90% contra la reinfección. Es decir, ni siquiera contra la hospitalización o contra enfermar de manera severa, sino contra la posibilidad de infectarse nuevamente”, enfatizó Klausner en una entrevista con La Prensa.

Según recordó, al cursar sus estudios en la Escuela de Medicina en la década del 80, “se nos enseñaba que si uno se recupera de una infección viral, como varicela o sarampión, luego uno era inmune. Nos enseñaron que esa inmunidad no necesariamente duraría de por vida -por ejemplo, si más tarde se estaba inmunosuprimido podía estar potencialmente en riesgo- pero, en general, las personas desarrollarían inmunidad para toda la vida”.

”También, como epidemiólogo en enfermedades infecciosas, fuimos enseñados y yo enseño -lo he hecho en la UCLA y ahora en la USC- que las personas que se recuperan de una infección dejan de ser susceptibles y esa es la manera natural en que las epidemias merman”, detalló el experto para luego añadir: “Las epidemias habitualmente se disparan hacia arriba y luego, al no haber más personas susceptibles, se produce el descenso. Ese es el motivo por el cual vemos esos patrones de olas a través del tiempo. Las olas se hacen cada vez más pequeñas. Es por eso que la gente ahora se pregunta qué pasó con el zika, a dónde se fue. Lo que pasa es que en esas regiones donde el zika era propagado por el mosquito, las personas se hicieron inmunes. Por lo tanto, el mosquito no tiene más personas a las cuales infectar y luego la infección muere”.

A Klausner le llamó la atención que esta conversación no estuviera teniendo lugar en torno al SARS-CoV-2. “Entonces con uno de mis estudiantes, el doctor Kojima, quisimos revisar todos los datos. Hicimos un estudio en un laboratorio de tests de covid que dirijo, y donde testeamos a los empleados todos los días. Tenemos 3.000 empleados que testeamos todos los días y hallamos que entre aquellos que habían tenido una infección previa el número que tuvo una reinfección fue cero. Pensamos que esto era muy convincente, pero nos preguntamos qué mostraban los otros estudios”, narró.

En ese sentido, mencionó una investigación de la Cleveland Clinic donde analizaron la base de datos de la institución y también vieron que entre las personas con infección previa el número de aquellas con reinfección era cero.

”Los científicos son un poco escépticos sobre el ‘cero’ porque nada es siempre perfecto, pero cuando empezamos a observar los estudios de otros países también observamos tasas muy muy bajas de infección repetida”, añadió.

Klausner -quien se autodefinió como un ferviente creyente de la vacunación contra el covid- consideró importante que la información de su trabajo salga a la luz, tanto desde el punto de vista científico como de los derechos de la población. “Cuando vemos otros científicos inteligentes y hacedores de políticas en otros países, como Israel o la Unión Europea, que reconocen la inmunidad natural de los recuperados, hace que uno se pregunte por qué esto no está siendo aceptado en Estados Unidos”, remarcó.

– ¿A qué le atribuye que se esté desestimando esta información clave?

– Creo que son los prejuicios. Algunos de los líderes políticos y hacedores de políticas simplemente tienen sus propias creencias personales que los están cegando frente a lo que muestran realmente los datos. Recién a fines de la semana pasada el doctor Fauci dijo que estaba empezando a pensar más sobre el efecto protector de la infección previa. No recuerdo con exactitud sus palabras, pero se refirió a la necesidad de que esto sea algo que haya que volver a analizar.  En países de Africa occidental o de Latinoamérica, donde ha habido una infección generalizada, con muy altas tasas, como en Chile o Perú, la epidemia terminará por esos altos niveles de inmunidad natural debido a la infección previa.

– Una de las razones que se han esgrimido para desestimar la inmunidad natural es que la inmunidad “varía de una persona a otra” y que los anticuerpos disminuyen con el tiempo. ¿pero lo que refleja el grado de inmunidad son los anticuerpos o son las células de memoria B y T?

– Correcto. Con cada enfermedad infecciosa es normal que los anticuerpos disminuyan luego de la infección inicial. De modo que por qué las personas olvidaron su formación básica de la Escuela de Medicina, no lo sé. Pero eso sucede con cada enfermedad infecciosa: los anticuerpos disminuyen con el tiempo, a menos que sea una infección crónica como el VIH o la hepatitis C, que son infecciones que no se van. La razón por la que los anticuerpos desaparecen es porque el sistema inmune controla la infección y entonces no necesita que se produzcan esos anticuerpos. Pero la habilidad de producir los anticuerpos se retiene en las células de memoria B y en las células T -células CD4 y CD8-. De hecho, hay un estudio muy importante, publicado en Nature esta semana, que mostró que en todos los pacientes que estudiaron -fueron solo 36-, el 100% tenía evidencia de inmunidad de células T. Esta combinación de células B y células T es la que le da a los seres humanos protección duradera a largo plazo, que ocurre luego de la recuperación de una infección viral como el SARS-CoV-2.

– De modo que eso es lo que hay que observar para conocer sobre la inmunidad de la persona y no tanto el nivel de anticuerpos…

– Bueno, en realidad uno puede fijarse si alguien ya tuvo la infección previa. Si alguien tuvo un test de PCR positivo, un test positivo de antígenos o una historia de positividad de anticuerpos, cualquiera de ellos sería medida de una infección previa y cuenta con una protección a más largo plazo. El desafío es que los tests comerciales y los tests para determinar la memoria de células B o células T CD4 o CD8 solo están disponibles en los laboratorios de investigación. Hay un laboratorio que hace un test de células T, pero es complicado y un poco costoso.

– ¿Qué pueden hacer aquellos que tuvieron la infección pero no se dieron cuenta porque los síntomas fueron muy leves y les pasaron desapercibidos?

– Para esas personas que quieren saber si tuvieron la enfermedad deben conseguir un test de anticuerpos de proteína N, que es diferente al test de anticuerpos de proteína S. Este último solo te dirá si estás vacunado o infectado, pero el N solo indica si la persona se infectó. Por lo tanto, tienen que saber qué clase de test de anticuerpos se realizan. En efecto, los anticuerpos pueden disminuir con el tiempo, de modo que un par de años después de la infección pueden dar negativos en el test. Por ello un test negativo no necesariamente implica que la persona nunca estuvo infectada, sino que puede llegar a necesitar otro tipo de test. Hay uno solo de células T y, como he dicho, no está muy disponible. Esperamos que suceda lo mismo que con la tuberculosis, para la cual hay un test de sangre de células T ampliamente utilizado y disponible en todo el mundo. Pero llevó décadas desarrollar ese test y hacerlo ampliamente disponible.

– ¿Se espera que la inmunidad natural por infección previa también ofrezca una protección más amplia, incluso contra las nuevas variantes del virus?

– Sí, parece que la infección previa es altamente protectora contra la variante Delta. No he visto la información específica con otras variantes, como la Mu. Yo esperaría que brinde protección pero no lo sé.

– ¿Considera que hay ignorancia o falta de ética en torno al hecho de que este tipo de protección fue desestimada?

– Soy optimista frente a la especie humana. Las personas vienen de un buen lugar y tratan de hacer lo correcto. A veces cuando no sabés, tratás de ser muy conservador. Está el principio de precaución, que significa mejor prevenir que curar, solo equivocarse por ser precavidos. Pero ahora hay montones de buenos datos que muestran que la recuperación de la infección produce una inmunidad amplia y duradera y que para la mayoría de las personas será protectora por mucho tiempo. Algunas personas, inmunosuprimidas o que toman ciertos medicamentos, pueden perder esa inmunidad y eso pasa con cualquier enfermedad infecciosa.

– ¿En su revisión observaron que esta protección duraba por lo menos 10 meses?

– Correcto. Solo tenemos datos basados en estudios tras 10 meses, pero el estudio de Nature que le mencioné muestra evidencia de inmunidad 17 años después del brote de SARS-CoV-1 y hay un estudio que muestra sobrevivientes de la pandemia de 1918 y que 103 años después tienen evidencia de inmunidad. Los científicos están limitados por los datos que tienen, pero creo que podemos inferir -es una conjetura científica- que la inmunidad será duradera a largo plazo.

– El nuevo estudio que menciona de Nature también es importante porque según he leído aquellos que padecieron SARS-CoV-1 están de alguna manera protegidos contra el SARS-CoV-2 ¿es así?

– Sí. Parece que pueden no estar protegidos contra la infección -lo que llamamos inmunidad de esterilización- pero hay protección contra enfermar, contra ir al hospital, contra ir a terapia intensiva y morir. Esa puede ser una de las razones por la que los niños parecen ser menos propensos a enfermarse, no necesariamente por el SARS-CoV-1, sino por otros coronavirus que causan resfríos, a los que los niños están regularmente expuestos. Puede haber una inmunidad cruzada.

– ¿Cuáles son sus proyecciones respecto de cuándo terminará esta epidemia?

–  Creo que habrá olas. Y esas olas se harán cada vez más pequeñas y cada vez más distanciadas entre sí en el tiempo.  Por lo tanto, en los países que tienen los brotes más severos, la enfermedad más severa, probablemente termine pronto. Los países con programas de control muy estricto, como Nueva Zelanda y algunos países en el norte de Europa, estarán potencialmente en riesgo de continuar con los brotes porque no adquirirán inmunidad natural .

Fuente: Tierrapura.org

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