¿Por qué los discos de vinilo son tan caros en Argentina?

por | Oct 6, 2021

La fiebre global por los long play pegó en Argentina tanto o más que en otros países del mundo. Sin embargo, aquí, los discos de vinilo son tan caros que forman parte de un lujo poco accesible para la mayoría de los coleccionistas. Muchos de ellos protestan en las redes sociales y le echan la culpa al “capitalismo” y a la “especulación” por los precios que, por cierto, son exorbitantes (al menos para los salarios nacionales). Sin embargo, las culpas y las responsabilidades –hay de las dos cosas– pasan por otro lado.

El mercado actual de los “LP” (además de los nuevos lanzamientos que ya salen en este formato) se divide en “los discos de época”, es decir, los vinilos editados en su momento –hasta principios de los noventa–, que, lógicamente, se consiguen usados y las reediciones actuales. Estos son los álbumes que se reeditaron en el formato en los últimos años, para abastecer y satisfacer a la nueva e inesperada demanda en medio del nuevo mundo digital con nostalgia analógica.

Claro que no todos los viejos long play tienen un valor considerable. Hablamos de las producciones de los grupos y solistas que hoy se mantienen vigentes, pero que cuentan también con un segmento en su público que coleccione su material. Julio Iglesias, por ejemplo, sigue siendo un cantante cotizado y las entradas para sus conciertos pueden tener precios considerables. Sin embargo, parece que entre sus fans no hay mucha demanda por los discos físicos de otras épocas. Alrededor del mundo sus vinilos habitan las cajas de ofertas y los despachan por monedas. También hay otros casos de curiosas diferencias entre distintos países. Los álbumes de Xuxa, que también sigue vigente en Brasil, tienen muy poco valor en las tiendas retro de San Pablo. En Argentina cotizan tanto o más que las bandas tradiciones de rock.

Pero las joyitas que se escapan del alcance de los coleccionistas argentinos suelen estar vinculados al rock de los setenta y ochenta, tanto nacionales como norteamericanos y europeos. Los pocos editados en los primeros años de los noventa también son muy valiosos. Si bien son más recientes, por esos días el vinilo ya perdía vigencia, por lo que hay menos unidades disponibles en el mercado.

¿Culpa del capitalismo?

Muchas veces en los grupos donde se canjea material, ante los costos prohibitivos de varios ejemplares deseados, no falta el usuario que critica la “especulación” y el “capitalismo”, los que serían los supuestos responsables de las frustraciones e imposibilidades. Nada más lejano que esto: en estos casos hay que mirarse al espejo y al gobierno.

Es muy insólito que un coleccionista le eche la culpa al sistema que, justamente, permite que pueda adquirir el bien que está buscando. Sin la demanda sólida, ni siquiera existirían los negocios, las ferias y las personas que venden por internet. Claro que como hablamos de unos ejemplares limitados, ya que se fabricaron hace décadas, el juego de la oferta y la demanda puede ajustar solamente por el lado del demandante. No se puede incrementar la oferta de lo que no se produce más. El stock es el fijo y su valor puede ir de cero hasta las nubes. Y los que subimos el precio somos nosotros, los que los deseamos.

Quejarnos del precio de los discos de vinilo es considerar que tenemos más derechos que los otros coleccionistas (que se comportan igual que nosotros) y de los vendedores, que no hacen otra cosa que revelar los precios de nuestras preferencias.

Pero, aunque tengamos la mayor parte de la culpa, ya que somos nosotros (no los vendedores) los que “subimos” los precios, el Estado argentino es también culpable de que esto cada vez sea más inaccesible. La inflación, que no es otra cosa que la consecuencia del déficit fiscal de una enorme burocracia financiada con emisión monetaria, hace que cada vez sean necesarios más recursos para la subsistencia básica, dejando menos lugar al ahorro y a los gastos más superfluos.

Según datos recientes, un trabajador del sector formal con un ingreso básico, necesita 77 años para comprarse una vivienda de monoambiente, calculando que pueda llegar a ahorrar 30 % del salario, lo que es imposible. Argentina no tiene moneda, pues el peso no sirve como reserva de valor, y de no cambiar el rumbo, será cada vez peor. Mientras se siga degradando el peso, menos recursos disponibles quedarán para el ahorro y el placer. De seguir en esta dirección, aunque muchos no lo perciban, muy pronto estará comprometida la misma subsistencia alimenticia de gran parte del país. Claro que podemos quejarnos por los precios de los discos, pero mal no hace dedicarse a pensar un poco los motivos de fondo de nuestras problemáticas. Al menos para no decir estupideces.

Reediciones también imposibles

El capitalismo, al que muchos coleccionistas responsabilizan de sus frustraciones, sigue poniendo la otra mejilla y solucionando problemas. Ante la imposibilidad de garantizar vinilos de época para todos, la economía de mercado, como siempre, percibe una necesidad y crea la oferta. Algo que viene funcionando mejor en la historia que el mantra peronista de que, ante una necesidad, se debe crear “un derecho”.

Los discos de vinilo más buscados, hoy ya son remasterizados y editados nuevamente, en versiones que emulan casi a la perfección a los lanzamientos originales. Estos discos han tenido aceptación en el mercado, ya que mucha gente que no tiene el fetiche de la edición original, los compra sin problemas, y los coleccionistas, bueno, queremos todo. Pero a pesar de que en estos casos la oferta sea tan elástica como la demanda, ya que se pueden fabricar todas las unidades que el público demande, en Argentina también son imposibles.

Y en estos casos, sí que el único responsable es el gobierno. El fenómeno de la inflación aplica como en el mercado informal de los discos usados, pero aquí hay que sumar otras cuestiones. Por un lado, la renovación de stock es siempre a precio dólar. Y aunque no faltan los trasnochados que le echan la culpa a la divisa norteamericana, lo cierto es que las mercaderías como estas no suben de precio en los países civilizados. El valor aproximado de estos lanzamientos es el de los 20 dólares, desde siempre. Claro que ese numerito es para nosotros cada vez más complicado. No por culpa del dólar, sino del peso que cada vez sirve para menos.

Pero además de la desgracia monetaria, las reediciones actuales suelen encontrarse en las grandes cadenas que pueden mantenerse en el mercado hostil argentino. Es decir, que la evasión es imposible. En estos negocios se pagan todos los impuestos, se recibe el ticket y no hay «barrani» disponible. Al precio de compra hay que sumarle la catarata de impuestos y toda la problemática importadora. El “Estado presente” termina haciendo que, en dólares, un argentino termine pagando más por un disco en Buenos Aires de lo que pagaría en Londres, Madrid o Nueva York. Como ocurre bajo el populismo, los que tienen la fortuna de poder viajar la pasan menos mal. Resulta indignante ver a la gente más humilde y trabajadora dedicarle un alto porcentual de sus ingresos para darse un gusto excepcional.

Los viejos coleccionistas de Queen podemos culpar a una impertinente película, que nos dio la satisfacción de ver a la banda finalmente en el lugar merecido, pero que nos multiplicó a la competencia que nos seca el mercado y nos sube los precios. Pero más allá de todas estas cuestiones y, en general, los responsables del padecimiento de los coleccionistas en el fondo son los mismos responsables de todos los padecimientos económicos que sufrimos, en todos los ámbitos de la vida.

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