20 años del atentado contra las torres gemelas, los talibanes vuelven al poder en afganistán

por | Sep 6, 2021

Este artículo debiera ser escrito sólo en conmemoración de las 3.000 víctimas mortales del atentado más alevoso de la historia contemporánea: el perpetrado por Al Qaeda el 11 de Septiembre de 2001 contra el Word Trade Center, ubicación de las emblemáticas Torres Gemelas de Nueva York, cuando dos aviones se estrellaron derrumbándolas y otro se lanzó contra el Pentágono. Pero es escrito en un contexto internacional muy particular puesto que el régimen depuesto en Afganistán tras ese atentado, y que diera protección al líder fundamentalista musulmán Osama Ben Laden, ha vuelto tras dos décadas en el ostracismo, esperando que las fuerzas de la OTÁN, con los EEUU al frente, abandonaran el territorio de ese país asiático.

Este atentado debe ser considerado en un contexto en el cual la problemática del fundamentalismo islámico se inscribe en la historia de Medio Oriente con la presencia constante de los países occidentales más poderosos. Esto es así porque la creación del Estado de Israel, en 1948, originó una escalada de violencia de tal magnitud que ha dejado guerras de larga duración, anexiones territoriales, cientos de miles de muertos, desplazados y la presencia constante de grupos de insurgentes que no sólo surgieron en Palestina, el territorio directamente afectado por haber sido partido para la creación del nuevo estado, sino por quienes se solidarizaron con su causa.

La problemática de medio oriente también tiene olor a petróleo por los intereses norteamericanos puestos en una zona rica en crudo, tan rica que llevó a crear alianzas sólidas con países proveedores que posibilitan que EEUU pueda mantener su flota automotriz. Es un tema complejo; no obstante lo cual este atentado perpetrado por Al Qaeda (cuyo líder fue muerto por tropas estadounidenses hace diez años durante la gestión de Barak Obama) sorprendió al gobierno de George Bush y desató la invasión de Afganistán desalojando del poder a los talibanes que se encontraban en el poder desde 1996.

 

EL MAYOR ATENTADO DE LA HISTORIA CONTEMPORÁNEA

No sólo fueron impresionantes las imágenes que hace veinte años veíamos por televisión, sino que las consecuencias económicas a nivel mundial fueron inmediatas y profundas. La economía global y los negocios fueron golpeados, el dólar se depreció en Europa y Japón, subió el precio del petróleo, se afectó el acceso al crédito internacional y se desplomaron las bolsas en el continente europeo. En nuestro país, se disipó la posibilidad de refinanciación de la deuda externa que, por aquellos días, nuestro gobierno tenía planeada (fundamentalmente, porque se suspendieron los vuelos a EEUU). El presidente De la Rúa había comisionado al vice ministro de Economía, Daniel Marx para viajar a Washington para explicar ahí el objetivo y alcance de la política de déficit cero y la nueva operatoria en materia de canje de bonos de la deuda auspiciada por los EEUU.

Wall Street suspendió las operaciones y, de esa manera, golpeó de manera directa a los mercados. Buenos Aires, San Pablo y Caracas también suspendieron sus operaciones y todo cambió en la manera de hacer negocios por las restricciones que EEUU impuso para el ingreso al país.

En el orden militar, EEUU entró en Delta 5, Alerta Nuclear, ya que no sólo fueron derrumbadas las torres; también se estrelló un avión contra el Pentágono, corazón del poder militar estadounidense. Al día siguiente, dos portaaviones norteamericanos partieron hacia Medio Oriente: la sospecha sobre Al Qaeda era muy fuerte y, en ese sentido, se sabía que los talibanes protegían a Osama Ben Laden. Esto es así porque el terrorista número uno del mundo y ex banquero nacido en Arabia Saudita dirigía sus operaciones desde Afganistán.

Bin Laden fue también el responsable de otros ataques terroristas contra los Estados Unidos y otras potencias occidentales, incluidos los ataques a las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania el 7 de agosto de 1998. De inmediato el presidente George Bush ordenó su captura, pero para ello se debía dirigir el objetivo hacia Afganistán.

TRAS 66 DÍAS, EL RÉGIMEN TALIBÁN CAYÓ.

El mundo siguió atento la invasión de las fuerzas de la OTAN, con EEUU al frente, de Afganistán para expulsar a los talibanes del poder, donde estaban desde 1996 sembrando terror durante cinco años del más duro y radical fundamentalismo islámico, represivo y persecutorio hacia los opositores políticos y religiosos. Este atentado se interpretó en su magnitud más severa: contra el mundo occidental y cuando se empezó a conocer por los medios de prensa la radicalización del régimen afgano, se comprendió que todo aspecto de la cultura occidental era criticado y combatido duramente por ese régimen. Con excepción de los palestinos más radicalizados, fundamentalmente los refugiados en el Líbano que salieron a festejar, el mundo entero condenó este atroz atentado. El Comité Internacional de la Cruz Roja consideró a estos atentados como la negación “de los principios de humanidad más elementales”.

La tarea de llegar a Kabul, capital de Afganistán, duró 66 días, tras los cuales el régimen talibán finalmente cayó. EEUU gastó 33 millones por día en ese tiempo en recursos humanos y técnicos. A mediados de Noviembre de 2001, el régimen talibán ya no estaba.

Pero ahora ha vuelto, tras la progresiva retirada  de las tropas de la OTAN del territorio afgano. Era previsible este retorno de los talibanes? Sí, porque ya estaban combatiendo en las zonas fronterizas y ganando batalla tras batalla, impulsados con gran ímpetu tras el anuncio del presidente de los EEUU, Joe Biden realizado en abril de este año. Afganistán no estuvo ocupado militarmente, pero sí su gobierno estuvo bajo la tutela de los EEUU durante 20 años (con presencia militar constante), y los talibanes fuera del juego todo ese tiempo.

Es de esperar un ataque terrorista como el 2001 tras el regreso talibán en Afganistán? Osaba Ben Laden murió hace diez años pero el terrorismo fundamentalista tiene otros líderes y, como se sabe, los talibanes nunca disimularon su rechazo hacia la cultura occidental, en un contexto internacional muy crítico y cuyos orígenes no son precisamente los talibanes y su radicalización islámica. Los talibanes seguramente no han olvidado el accionar de sus enemigos internos, los también fundamentalistas de la Alianza del Norte, quienes avanzaron sobre Kabul también con EEUU en Noviembre de 2001 castigando duramente a los desplazados talibanes.

Esperemos que la retirada de los EEUU de Afganistán no lleve a un florecimiento del terrorismo islámico desplegado a gran escala.

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